[.~*JINTAJAFORAS*~.]

julio 05, 2007

Las líneas de mi vida




Para Lulucienta

Siempre he pensado que pagaría por no tener que hacer una fila.
Entre las cosas que detesto, una de ellas, casi la más importante es la espera (creo que por eso siempre procuro llegar después de la hora acordada…para nunca llegar antes, aunque sucede). No tolero esa sensación de hacer conciencia del tiempo perdido esperando llegar hasta el mostrador.
Uno de estos sábados como muchos otros, me encontraba en un centro comercial que parecía el paraíso de los bolsillos, todas, absolutamente todas las tiendas marcaban en sus escaparates un prominente descuento, situación que te invita a gastar, despilfarrar, y aprovechar aborazadamente la situación tratando de adquirir algo en “oferta”.
Iba con mi Lulú mi hermana, cuando llegó el momento tan odiado de formarnos en la larga fila para adquirir nuestros artículos con un feliz descuento… pasó lo que suele pasar, buscamos cualquier cosa para entretenernos y evitar el golpeteo del reloj recordándonos el tiempo perdido.
Avanzamos y mientras eso sucedía, quedamos justo frente a un espejo enorme. Aquí es cuando debo decir, que existe una gran diferencia entre el comportamiento de Lulú y el mío frente a un espejo.
Lulú cuando se encuentra frente a un espejo, se mira directamente y aprovecha para recordar su mejor cara, algunas veces juega haciendo muecas y en calidad de segundos se auto-inspecciona de pieza cabeza… alguna vez ha sucedido que discutiendo con ella, ha notado la extraña presencia de un espejo y en ese justo momento cuando mira su reflejo despierta en ella un pequeño estilo peculiar en el que toma fuerza y pelea conmigo con más gusto… esto es similar a una pequeña metamorfosis, se ve y se siente más segura de lo que es y parece que se encuentra frente a uno de esos espejos de truco que te hacen ver más grande. En mi caso, sucede totalmente al revés… yo frente a un espejo me enfrento contra mi peor enemiga, supongo que verme me recuerda lo inconforme que me siento del mundo y en ocasiones me recuerda también que podría ser otra persona totalmente diferente. En fin, puedo vivir con esto, en realidad no me molesta tanto.
Aquel día en el centro comercial, mientras estábamos en la enorme fila, mi hermana miro el espejo y aprovecho para mirarse, hacer caras, poner poses y levantar la ceja (ese ademán disfruta hacerlo porque mi papá lo hacía y yo definitivamente…no puedo hacerlo). Fue entonces como sucedió.
Mientras yo la miraba constantemente y disfrutaba de aquella actuación, la mire con una cara que denotaba duda, extrañeza, algo de pena y probablemente hasta enojo…en ese momento ella abrió sus ojos con gran sorpresa y con la palma de su mano me dio una palmada en la frente… entonces dijo que tenía una raya que subía desde la altura de mi lagrimal izquierdo hacía toda la frente… volvió a mirar y descubrió que no sólo se formaba una raya cuando fruncía el seño, vio que hay una línea permanente, la cual existe para facilitarme el gesto ese de vivir con la cara de enojo, duda, aflicción, tristeza y demás.
Ella sin embargo no tiene esa extraña línea que atraviesa mi frente de manera vertical e inclinada, Lulú tiene tres líneas horizontales, fue entonces cuando descubrí que ella vivía con un sentimiento de alegría, aceptación y sorpresa.
Me quedé pensando… mucha gente lee las líneas de las manos para saber el futuro, yo desde aquel momento preferí leer las líneas de la frente, no me importa saber nada de su futuro, pero probablemente cuando vuelva a hacer una fila miraré la frente de todos los demás para saber como han vivido su vida.

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enero 17, 2006

Recuerdos ajenos

Mientras el silencio transcurre junto con el tiempo, solemos alzar la mirada y contemplar el mundo… no es raro contemplar una imagen y meterse dentro de ella, tal cual te perteneciera a la distancia, es como robar un instante de la vida ajena y sentirlo como propio.
La mirada se pierde y se clava, se somete se integra y deja de ser mirada para ser un momento ajeno al ser perpetuado como propio.
El silencio sigue transcurriendo y la mirada se ha vuelto un ancla que pretende arrebatar a otro un miserable instante que me hace falta, lo tomo y sin sentido lo siente mi alma como si fuera propio, luego la magia se acaba y el ancla desaparece… cuándo vuelvo en mí, me pregunto donde estaban mis momentos, los que sí eran míos y que los dejé pasar o los perdí…
He perdido tantos momentos que siempre fueron míos y nunca viví que ahora recolecto un poco de los ajenos, para creer que son un poco míos y así, no morir.

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